Dietary Guidelines for Americans 2025–2030: Un giro necesario, pero aún incompleto, hacia una verdadera salud poblacional
Por María Mirón, Psicóloga Clínica | AMMEV
1 Febrero 2025
La publicación de los Dietary Guidelines for Americans 2025–2030 marca indudablemente un cambio discursivo en la política nutricional estadounidense. El mensaje central de “eat real food” resuena con fuerza con décadas de evidencia en nutrición, salud pública y Medicina del Estilo de Vida (MEV). El documento reconoce explícitamente el vínculo entre dieta, enfermedades crónicas y el colapso de los sistemas de salud, y se hace un llamado a reducir de manera significativa los alimentos ultraprocesados. Desde AMMEV celebramos ese cambio de narrativa. Al mismo tiempo, creemos indispensable leer estas guías con un lente crítico, clínico y sistémico, si el objetivo es pasar de recomendaciones individuales a impactos poblacionales sostenibles.
Esta nueva guía presenta avances sustantivos y convergentes con los principios de la MEV, notablemente:
Nombrar la crisis con claridad es un primer acto de responsabilidad
Las guías ubican la carga de enfermedad crónica y la obesidad como un problema estructural de gran escala (HHS & USDA, 2025). Esta claridad es congruente con el enfoque de MEV, en el que por ejemplo entendemos las trayectorias de riesgo cardiometabólico no como “fallas personales”, sino como patrones emergentes de entornos alimentarios, hábitos y sistemas sanitarios centrados en el tratamiento (Swinburn et al., 2019).
Un consenso firme contra los ultraprocesados
El énfasis en reducir alimentos ultraprocesados y azúcares añadidos se sostiene en evidencia experimental y epidemiológica. A nivel de salud pública, la literatura ha consolidado definiciones operativas y criterios para identificar ultraprocesados, apoyando su relevancia como exposición dietaria clave (Monteiro et al., 2019). Este punto constituye, a mi parecer, el mayor consenso contemporáneo en nutrición y salud metabólica, y es coherente con los modelos de prevención y reversión de enfermedad cardiometabólica utilizados en la práctica clínica de la MEV.
Apertura a una visión más integradora de la fisiología
La mención del microbioma, junto con fibra dietética, alimentos fermentados y diversidad de alimentos vegetales, apunta, aunque de forma todavía general, hacia modelos fisiológicos más complejos y actuales, donde el “cómo alimentamos” nuestros ecosistemas microbianos impacta procesos inmunometabólicos (Sonnenburg & Sonnenburg, 2019). Este guiño resulta coherente con una MEV que entiende la salud como un fenómeno multisistémico, no reducible a calorías o nutrientes aislados.
Por otro lado, hay límites estructurales (probablemente derivados de la participación del USDA en la creación de las guías, lo que abre la puerta a conflictos de interés e influencia de la industria) que estas guías no resuelven, y es importante pensarlos como comunidad:
Mucha responsabilidad individual, poco contexto sistémico
Aun reconociendo problemas históricos de política pública, el texto se apoya en una retórica de conducta individual, usando términos como “elige”, “evita” o “prioriza” (HHS & USDA, 2025). Si aplicamos aquí una visión de pensamiento sistémico se evidencia una tensión central, puesto que la capacidad real de adherencia a las recomendaciones depende fuertemente del entorno. El marco de “sindemia global” muestra cómo la obesidad, la desnutrición y la crisis climática coevolucionan por fuerzas estructurales (como sistemas alimentarios, inequidad, urbanización e incentivos industriales), y no se resuelven con mensajes individuales (Swinburn et al., 2019).
Ambigüedad frente a patrones predominantemente basados en plantas
Aunque se incluye en las recomendaciones a legumbres, nueces y semillas (HHS & USDA, 2025), el documento mantiene una centralidad fuerte en alimentos de origen animal y dedica advertencias extensas a dietas vegetarianas y veganas, sin hacerlo así respecto de la ingesta de grasa o cancerígenos del grupo 2A. Esto convive con un cuerpo robusto de evidencia donde patrones basados en plantas, bien diseñados, se asocian con menor incidencia de diabetes tipo 2 y mejores desenlaces cardiometabólicos (Satija et al., 2016), y con literatura clínica (aunque heterogénea) sobre reversión o mejora sustantiva de enfermedad coronaria bajo intervenciones intensivas de estilo de vida (por ejemplo Ornish et al., 1998 y Esselstyn et al., 2014).
Desde la MEV, el punto clave no es entrar en dicotomías identitarias como “plant-based vs. omnívoro”, sino enfocarnos en la calidad dietaria + patrón sostenido + contexto. Una lectura más precisa distinguiría entre las dietas basadas en plantas mínimamente procesadas, ricas en fibra y diversidad vegetal, y los productos “plant-based” ultraprocesados que reproducen el mismo problema de base (Hall et al., 2019; Monteiro et al., 2019).
Nutrición sin conducta, conducta sin acompañamiento
Las guías dicen mucho sobre qué comer, pero muy poco sobre cómo sostener cambios a través de variables clave, como la alfabetización alimentaria, habilidades culinarias, adherencia, motivación, estrés crónico, cultura, entorno y apoyo de profesionales. Ese “cómo” es donde la MEV se vuelve práctica clínica real y política pública efectiva, no es suficiente solamente recomendar, hay que diseñar sistemas que permitan implementar los cambios (Swinburn et al., 2019).
Para cerrar esta reflexión, las Dietary Guidelines for Americans 2025–2030 sin duda son valiosas, pues recuperan la centralidad de alimentos reales y hacen un señalamiento más directo del daño de los ultraprocesados (HHS & USDA, 2025). Pero la salud poblacional no es algo que simplemente se decrete, se tiene que habilitar. Para que este giro sea verdaderamente transformador, debe acompañarse de políticas coherentes con la evidencia (p. ej., regulación de marketing, incentivos agrícolas, accesibilidad, entornos escolares, prevención clínica financiada) y de modelos de atención que integren conducta, cultura y contexto (Swinburn et al., 2019).
En AMMEV sostenemos que la MEV es más que una lista de alimentos: es una estrategia de prevención y tratamiento basada en evidencia, con una lectura sistémica de por qué la gente come como come. La pregunta ya no es sencillamente si sabemos qué comer. La pregunta es si estamos dispuestos a transformar los sistemas que hoy hacen tan difícil vivir de acuerdo con ello.
Referencias
Esselstyn, C. B., Gendy, G., Doyle, J., Golubic, M., & Roizen, M. F. (2014). A way to reverse coronary artery disease? The Journal of Family Practice, 63(7), 356–364.
Hall, K. D., Ayuketah, A., Brychta, R., Cai, H., Cassimatis, T., Chen, K. Y., Chung, S. T., Costa, E., Courville, A., Darcey, V., Fletcher, L. A., Forde, C. G., Gharib, A. M., Guo, J., Howard, R., Joseph, P. V., McGehee, S., Ouwerkerk, R., Raisinger, K., … Zhou, M. (2019). Ultra-processed diets cause excess calorie intake and weight gain: An inpatient randomized controlled trial of ad libitum food intake. Cell Metabolism, 30(1), 67–77. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2019.05.008
Monteiro, C. A., Cannon, G., Levy, R. B., Moubarac, J.-C., Louzada, M. L. C., Rauber, F., Khandpur, N., Cediel, G., Neri, D., Martinez-Steele, E., Baraldi, L. G., & Jaime, P. C. (2019). Ultra-processed foods: What they are and how to identify them. Public Health Nutrition, 22(5), 936–941. https://doi.org/10.1017/S1368980018003762
Ornish, D., Scherwitz, L. W., Billings, J. H., Brown, S. E., Gould, K. L., Merritt, T. A., Sparler, S., Armstrong, W. T., Ports, T. A., Kirkeeide, R. L., Hogeboom, C., & Brand, R. J. (1998). Intensive lifestyle changes for reversal of coronary heart disease. JAMA, 280(23), 2001–2007. https://doi.org/10.1001/jama.280.23.2001
Satija, A., Bhupathiraju, S. N., Rimm, E. B., Spiegelman, D., Chiuve, S. E., Borgi, L., Willett, W. C., Manson, J. E., Sun, Q., & Hu, F. B. (2016). Plant-based dietary patterns and incidence of type 2 diabetes in US men and women: Results from three prospective cohort studies. PLOS Medicine, 13(6), e1002039. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1002039
Sonnenburg, J. L., & Sonnenburg, E. D. (2019). The good gut: Taking control of your weight, your mood, and your long-term health. Penguin Press.
Swinburn, B. A., Kraak, V. I., Allender, S., Atkins, V. J., Baker, P. I., Bogard, J. R., Brinsden, H., Calvillo, A., De Schutter, O., Devarajan, R., Ezzati, M., Friel, S., Goenka, S., Hammond, R. A., Hastings, G., Hawkes, C., Herrero, M., Hovmand, P. S., Howden, M., … Dietz, W. H. (2019). The global syndemic of obesity, undernutrition, and climate change: The Lancet Commission report. The Lancet, 393(10173), 791–846. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)32822-8
U.S. Department of Health and Human Services, & U.S. Department of Agriculture. (2025). Dietary Guidelines for Americans, 2025–2030. https://www.dietaryguidelines.gov