La mediana edad

Articulo escrito por Lorena Stoopen, miembro AMMEV desde hace mas de 3 años, nutrióloga UIA, Health Coach INN y Diplomate of the International Board of Lifestyle Medicine (DipIBLM).

1 Septiembre 2026

Lo de la Medicina del Estilo de Vida (MEV) me encontró en un momento de crisis personal, de la mediana edad, le dicen. 

Mi mediana edad era de 48. Tenía una ansiedad intensa, que me despertaba por la mañana y no me dejaba descansar hasta que me iba a dormir. Estaba casada, con dos hijos en ese momento que empiezan a vaciar el nido y con una vida profesional que siempre se había sentido, por decirlo así “meh”.

Soy nutrióloga de formación, y mi carrera, con todo lo que me apasionan la fisiología y la fisiopatología, la dietoterapia, la ciencia de los alimentos y el escenario de la consulta en sí mismo, me dejaba siempre con muchas dudas sobre la eficacia de mi relación con mis pacientes y con una cierta impotencia que se estaba convirtiendo poco a poco en desánimo y desinterés. Sentía que no funcionaba. 

En mi casa, las cosas no iban demasiado bien tampoco. Mi proyecto de pareja sufría; después de 30 años juntos, la vida nos empujaba a adaptarnos a una nueva etapa y no encontrábamos cómo hacerlo.

Cuento lo de mi crisis de vida porque es importante para esta historia. Porque dicen que de todas las crisis sale algo bueno y esta no es la excepción.

Con mucho dolor, pero también con determinación y esperanza, me atreví a hacer las cosas de forma diferente en mi vida personal, a dar un salto al vacío, a echar por la ventana las convenciones sociales y seguir el camino que mi corazón pedía, sin saber a ciencia cierta si las cosas saldrían bien. 

Y de la misma manera, en mi vida profesional, me atreví a hacer una pausa y a empezar de nuevo; volví a sentarme a estudiar, y aposté por la MEV. 

En mi búsqueda, hice un poco de todo; estudié un diplomado en Inmunología, hice una formación en las 5 Leyes Biológicas del Dr. Hammer, me fui a retiros, tuve la oportunidad de hacer una ceremonia con medicina sagrada, me metí a terapia, estudié unos módulos de medicina funcional y busqué ayuda de una doctora funcional para entender y atender mis síntomas físicos. Mi recorrido ha sido un viaje por distintas formas de comprender la salud, y aunque todas ellas me han aportado conocimiento y mejor comprensión, al estudiar Medicina del Estilo de Vida sentí ese “click” interno que me avisó que por ahí iba mi camino, que eso es lo que estaba buscando para mi práctica clínica. 

Así que me obligué a romper mis patrones antiguos de consulta, tan cómodos y conocidos, y emprendí un nuevo proyecto profesional. 

No ha sido fácil porque he tenido que cambiarlo todo, desde buscar un nuevo espacio, que fuera más congruente con esta forma de práctica, atraer nuevos consultantes, desarrollar nuevos materiales, acostumbrarme a abrir la conversación a los otros pilares de la salud, darme a conocer con este nuevo estandarte.

Puedo afirmar que a tres años de haber descubierto AMMEV y de haber obtenido mi Certificación Internacional en MEV, mi esencia sigue siendo la misma, pero la nueva experiencia está mostrando ser maravillosamente expansiva. 

Ya no sé cómo ser el profesional de la salud que fui tantos años; ese que daba recomendaciones unidireccionales, que “sabía” lo que necesitaba su consultante.  He aprendido a escuchar de forma más atenta a quienes asesoro, a involucrarlos en la toma de decisiones de su tratamiento. He aprendido a dedicar más tiempo a cada persona, a indagar más, a integrar el sueño, la actividad física, el manejo de estrés, el bienestar emocional/social y el uso de sustancias nocivas como elementos clave a tratar en la consulta. 

Se podría pensar que mi trabajo se volvió más complicado, pero ahí está lo apasionante: la MEV impacta por lo sencilla que puede llegar a ser y lo profundo de sus resultados. 

Desde luego sigo aprendiendo, nunca quisiera dejar de hacerlo, pero hoy, saber que estoy mejor equipada para acompañar a una persona en el proceso de entender la conexión de las conductas de estilo de vida con sus síntomas o problemas de salud, y ayudarlo a implementar, paso a paso, los cambios que requiere, y ver los resultados, es una fuente de satisfacción enorme.  

La MEV se centra en la persona, la entiende como un ser holístico, que necesita salud metabólica, emocional, y social. De pasada, considera también la salud del planeta, giño extra a mi alma amante de la naturaleza. Y lo que dicta, lo hace siempre con información e intervenciones basados en evidencia, detalle indispensable en tiempos de sobre exposición a la información. 

En esta labor hay un principio irrenunciable: quien la practica también debe cuidar de su propia salud y bienestar.

No basta con conocer la evidencia o recomendar buenos hábitos; es necesario vivirlos. La congruencia deja de ser un ideal y se convierte en una forma de ejercer la profesión.

Hoy, me encuentro navegando los cambios propios de mi edad, todo un reto, poniendo atención a mi cuerpo y a mi corazón. Trabajando como nunca y motivada como nunca. Estoy soltera, con dos hijos que tienen todavía una patita en el nido; el nido ha cambiado de forma porque ahora tiene dos domicilios, pero se ha vuelto un espacio en donde se pone más atención a las necesidades de cada uno. 

Y me doy cuenta cómo, mi vida personal y mi trabajo, no pueden desligarse.  La Medicina Estilo de Vida, es una disciplina que va en todas direcciones y en la que el bienestar integral de la persona es el objetivo final.