Sobre la Medicina del estilo de Vida en México
Dr. Aram Nava
18 Marzo 2026
Shamah-Levy, T., Barrientos-Gutiérrez, T., Romero-Martínez, M., Hernández-Ávila, M. & Rivera, J. Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua, 2022: Resultados nacionales. Salud Pública de México, 65.
World Obesity Federation. World Obesity Atlas 2026, Childhood Obesity 2nd edition. London: World Obesity Federation, 2026.
Robledo Z. ¿Cuánto cuesta la diabetes? [Internet]. Grupo Milenio. 2023
World Health Organization: WHO. The Top 10 Causes of Death. 7 Aug. 2024.
Dat0s, Revista, and Revista Dat0s. “Principales Causas De Muerte En El Siglo XX, En Un Infograma | Datos-Bo.” Datos-Bo, 6 Nov. 2021.
“Enfermedades No Transmisibles.” OPS/OMS | Organización Panamericana De La Salud, 11 Mar. 2026.
American College of Lifestyle Medicine. What is Lifestyle Medicine. ACLM. 11 Mar. 2026.
Me invitaron a escribir al respecto de la medicina de estilo de vida (MEV), en México y al mismo tiempo que agradezco el espacio que me brindan, quisiera sacar a la luz cosas evidentes en relación con este tema, que no siempre se discuten con la claridad necesaria.
En mi trabajo como psiquiatra en un hospital de tercer nivel, es casi imposible no notar la presencia, constante, de enfermedades crónico-degenerativas entre los pacientes, ya sea hospitalizados o en consultorio; pero no solo en un contexto clínico, también lo veo en mi círculo familiar y en el de mis amistades. Sé que esta perspectiva es compartida por gran parte de la población. Sin embargo, en estos temas es importante salir de lo meramente subjetivo o anecdótico y poner sobre la mesa estadísticas al respecto.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2022), más del 70 % de los adultos y alrededor del 35 % de los niños y adolescentes en México viven con sobrepeso u obesidad.1 Durante años el país ocupó el primer lugar mundial en obesidad infantil; actualmente se ubica en el octavo lugar, según datos de UNICEF, aunque esto no se debe a una disminución significativa del problema, sino a que su crecimiento ha sido más acelerado en otros países. 2 La misma ENSANUT 2022 reporta una prevalencia de hipertensión arterial del 29.9 % en adultos y una prevalencia de diabetes mellitus tipo 2 del 18.4 % en la población adulta del país, 1 representando el tratamiento de la diabetes mellitus, un gasto anual de más de 50,000 millones de pesos, solo para el Instituto Mexicano del Seguro Social. 3
Sera justo si alguien pregunta ¿por qué siempre se habla de estos mismos padecimientos al hablar de medidas de salud pública en México, habiendo tantos otros? La respuesta se encuentra en nuestras principales causas de mortalidad: las enfermedades del corazón, la diabetes mellitus tipo 2 y luego el cáncer, especialmente de próstata, mama y pulmón. 4
Hace cien años, la principal causa de mortalidad eran las enfermedades infecciosas,5 y las ciencias médicas pueden enorgullecerse del éxito para modificar esto (aunque haya motivos de preocupación por la creciente resistencia bacteriana a antibióticos). Las amenazas para la salud en México y en buena parte de Occidente han cambiado. Actualmente resaltan las enfermedades crónico-degenerativas, como la diabetes, la hipertensión, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, entre otras, responsables de alrededor del 70 % de las muertes y de una gran proporción del gasto en salud;6 todos estos padecimientos son prevenibles, y no se están previniendo bien.
Siendo, hace ya tiempo, estudiante de medicina, siempre remarcaban nuestros profesores en que el tratamiento de este tipo de enfermedades tenía que pasar por un cambio en los hábitos de vida, particularmente en lo referente a la actividad física y a los patrones alimentarios. Sin embargo, la capacitación dirigida a ayudar a los pacientes a cambiar estos hábitos era escasa y, mayormente, deficiente.
De igual forma, he percibido que colegas de varias especialidades, no dejan fuera del consultorio la importancia de cambiar hábitos y estilo de vida; pero esto muestra limitaciones cuando se trata de traducirse en cambios efectivos y sostenidos en los hábitos de los pacientes.
Es en este contexto donde la medicina del estilo de vida (MEV) cobra relevancia. El American College of Lifestyle Medicine la define como una “especialidad médica que utiliza intervenciones terapéuticas centradas en el estilo de vida como modalidad principal para prevenir y tratar afecciones crónicas (incluyendo patologías psiquiátricas y otras varias)”, “a través de cambios de estilo de vida prescriptivos, integrales y basados en la evidencia por medio de los seis pilares de la medicina del estilo de vida (un patrón de alimentación basado en alimentos integrales y predominantemente vegetales, actividad física, sueño reparador, manejo del estrés, conexiones sociales positivas y evitar sustancias de riesgo)”. 7
Esta definición es particularmente relevante porque quienes practicamos la MEV no nos adherimos a ella por tradición o integrismo. Por el contrario, sus pioneros buscaron deliberadamente que pudiera ejercerse de manera desideologizada entre profesionales de la salud, con un lenguaje común y con un fundamento científico sólido y adaptable.
Considero que la transversalidad de la MEV, que no se funda en una doctrina específica, sino en la evidencia científica disponible (y como suele decir un colega: “la mejor evidencia es la que hay”), es la fuente de su fortaleza y flexibilidad, pues es a través de su integración dentro de la medicina basada en evidencia, que la MEV puede caminar sin dogmas y cambiar cuando es necesario, pues su legitimidad no depende de la autoridad de sus fundadores, sino de la calidad de la investigación que sustenta sus intervenciones.
En contraste, algunas corrientes de medicina complementaria se sustentan en marcos teóricos formulados por sus fundadores hace décadas o incluso siglos, lo que en ocasiones puede entrar en contradicción con la evidencia científica actual o con los resultados de estudios clínicos que evalúan su seguridad y eficacia. La MEV, en cambio, podría ser distinta dentro de veinte o cien años, en base a los nuevos conocimientos que vayan surgiendo.
Las bases teóricas de la MEV no son su patrimonio exclusivo: los pilares que propone son relevantes para cualquier profesional que atienda pacientes, incluso si no conoce formalmente la existencia de esta disciplina.
Actualmente en México, la MEV (con algunas honrosas excepciones) tiene poca presencia en los planes de estudio de las facultades de medicina y de otras carreras relacionadas con la salud. De manera similar, la formación médica usual sigue privilegiando en gran medida un modelo farmacológico de tratamiento, centrado en tratar consecuencias de las enfermedades crónicas y menos en prevenir o modificar sus causas.
En un contexto de alta prevalencia de enfermedades crónico-degenerativas, la demanda de enfoques como la MEV ya existe. Sin embargo, tanto muchos profesionales de la salud como el público general desconocen su existencia.
Si me preguntaran cómo debería desarrollarse la MEV en México, diría que el primer paso es darla a conocer en su legitimidad como una herramienta efectiva para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestros pacientes. En ese sentido, debería evitar activamente confundirse con la medicina alternativa. Primero, porque en una época marcada por la desinformación, la falta de evaluación rigurosa en algunas prácticas alternativas puede representar riesgos para la salud y la economía de los pacientes. Segundo, porque esa confusión podría restarle legitimidad y prestigio a la MEV, lo cual podría redundar en que profesionales de la salud, con razón, prefiriesen prescindir de ella.
En otros países, la MEV se encuentra asociada a colegios y asociaciones médicas y universidades, algo que está en ciernes en México, y por lo cual las herramientas de la MEV enfrentan obstáculos para llegar a quienes podrían difundirlas más ampliamente entre la población. Estas alianzas serían necesarias para que la MEV se incluya en los planes de estudio de las universidades, especialmente en las carreras de medicina, nutrición, psicología y enfermería. Por el momento, excepto en Tamaulipas, la MEV parece estar disponible principalmente en consultorios privados y no de manera sistemática dentro de los servicios de salud pública.
Con alianzas adecuadas, la medicina del estilo de vida podría integrarse en las unidades de medicina familiar y en los centros de salud de nuestro país, para que la MEV pueda llegar a la población de a pie y no solo a los que puedan costeárselo de forma particular.
En última instancia, la discusión sobre la medicina del estilo de vida no trata solamente de una nueva disciplina médica, sino de algo más amplio: cómo debe adaptarse la medicina a una época en la que las principales amenazas para la salud ya no son infecciones agudas, sino enfermedades crónicas profundamente ligadas a la forma en que vivimos.
Yo, en verdad espero que el nuevo diplomado en Medicina de Estilo de Vida que verá la luz pronto, pueda influir en que varios profesionales de la salud y médicos de diferentes especialidades puedan capacitarse, certificarse e integrarse a los círculos y redes de Medicina de Estilo de Vida en México; que en conjunto, nos retroalimentemos y contribuyamos todos a que el dialogo y discusión al respecto de la MEV llegue a los ámbitos en que se necesita; esta transformación de la práctica médica muy probablemente ocurrirá con nosotros o sin nosotros; sin embargo, quienes trabajamos en el ámbito de la salud tenemos mucho que aportar para que ocurra con mayor rigor científico, más alcance y mayor beneficio para la población. Hay que estar presentes.